El tiempo transcurre como el río,
caudaloso de recuerdos
de corriente unidireccional
de diferentes cauces
más dulces, más amargos.
Su curso no sufre estiajes...
¿quién puede pararlo?
Es un reloj de arena
que se desliza entre manecillas difusas
entre segunderos sibilinos
de aquellas sábanas de destino.
La arena del reloj se esparce
forma dunas en mi memoria
cubriendo las ruinas de mi recuerdo
los restos de mi presente
los cimientos de mi futuro.
"¡Paren la tormenta de arena!"
grito a cada lado del desierto
rodeada de borrosos rostros
rostros que antes eran memoria
cuerpos que eran personas que amaba
sombras que eran imagen, y no olvido.
"¡Paren por favor!"
La arena sepultaba lo poco de aquellas horas,
minutos, segundos,
mis recuerdos ya parecían mudos,
y ya huyendo del desierto,
me encontraba el olvido.
Olvido demoledor de mis ruinas,
de mis cimientos,
olvido que supone muerte,
olvido que asesina los lugares,
las personas, los saberes...
"¡Paren, paren al olvido!"
Elena Martín (Jelenmista)
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