La Despedida
En el cielo queda una estela
blanca
transparente...
que
apunta hacia lo que era,
el
rastro de esa antigua era,
donde
empezó todo,
lejano
en el tiempo.
Dos
inviernos, dos primaveras
sólo
dos, éstas eran,
transcurrieron...terminaron,
con
la misma fugacidad de aquella estela.
¿Y
cómo ha pasado?
Entraba
en la puerta
saliendo
ya de ella,
oteaba
el fin,
me
mezclaba en los pasillos,
de
aquellos techos de hojalata,
donde
las gotas de lluvia se escondían
y me
asaltaban por las rendijas
en
grandes goteras.
¿Quién
rebobinó el tiempo?
cualquiera
diría
que no me he movido
en la
cinta, ni entre los intermedios
que
las estaciones me han ofrecido,
de
carretes de lluvia fina
donde
se entremezclan imágenes
sobre
el agua mezquina,
acompañada
de la revelación
del
calor abundante.
¡Qué
pronto pasaron esos dos inviernos,
esas
dos primaveras!
Todas
esas personas desconocidas
que
reposaron en mi vera,
que
permanecerán en mi memoria
que me enseñaron más que cuatro
lecciones escritas.
Adiós,
así digo,
adiós,
así la siento,
la despedida
breve y larga,
alegre
y amarga,
separación
para unir
el
final para un comienzo,
la
contradicción en carne y hueso,
en
humo y polvo.
“¿Te
volveré a ver?”
dice
la buganvilla nerviosa
“¿Te
volveremos a tocar?”
dicen
la fuentes secas llorosas
“¿Te
volveré a escuchar?”
dice
el Magnolio, somnoliento del invierno.
Yo
con los arreos del viaje me despido,
y a todos ellos respondo
“parto
ya del camino,
ya no
como aquel era de la
estela,
ahora tengo rumbo
que
mis recuerdos aquí me llevan
regada
de todo lo que dejo atrás,
que
no olvidaré jamás,
pese
me tome
el
vapor del barco,
la
estela de allá”.
Elena Martín (Jelenmista)