viernes, 14 de julio de 2017

Reflexión sobre el creer

 ¿Qué es lo que, en lo más frío del ser, nos mantiene en vela? ¿Cómo no dormimos en la comodidad de desaparecer, sentarse frente una fuente durmiendo despiertos, sin esperar a que nada pase? Cuando los pájaros vuelan, en ese batir de sus alas, no tiemblan, saber que en ese segundo en el que cierran sus alas esperando batirlas de nuevo no temen al vacío, a la caída, precipitarse por culpa de ese instante sin retorno, sólo suelo. ¿Qué es ese pilar que motiva al ser humano seguir, a ese pájaro cerrar las alas por un instante, confiando en el viento? ¿Religión, ambición, objetos materiales, sentimientos, amor, amistad?, ¿el conocimiento?, ¿estar a salvo y confortable? Es difícil de determinar, al igual de arriesgado, pero me atrevería a decir que es el creer, ya sea en uno mismo, en un ente o en un bono de lotería de números tan exóticos que nos invite a dar por sentada nuestra victoria. 

 La muerte del ser humano, de ese pájaro que cierra sus alas dejándolas descansar en el aire es el no creer, no creer que se abrirán de nuevo para continuar, que se atracarán por alguna razón y caerá en picado. El creer es una fuerza ciega y potente en nosotros, da igual su naturaleza, mística o pragmática, es más, en nuestro día a día, cuando alguien nos pregunta una duda solemos responder con un “creo tal” o “ será creo”, sí, creemos en esa respuesta que hemos dado, la voluntad de pronunciar esa respuesta proviene de “creer” que es la correcta, y es por ello que nos basamos en el creer. La creencia en lo que sea es un acto de voluntad que proviene de cada individuo, que de sus adentros ha decidido depositar su confianza en lo ajeno al mismo.

 Porque una vez que se deja de creer... ¿qué haríamos entonces? ¿No confiar en más hipótesis fallidas? ¿No esforzarse en saber si verdaderamente lo que creíamos era cierto? ¿Dejar de batir las alas? No, después de dejar de creer no viene eso, viene creer y más creer.



Jelenmista


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