lunes, 17 de octubre de 2016

Moneda

 Vivimos en un mundo

de corazones como

 moneda de cambio,

el hombre se trafica

como un vulgar saco

de mayor o menor valor

según la bolsa o la balanza

de algún sitio como New York.


Ya los egipcios usaban balanza

para medir el corazón,

desde antaño una balanza ha sido su prisión.


Se nace para vivir,

no para vivir muriendo

por el trabajo cansado,

a veces infrahumano.

No se nace para ser mártir,

se nace para vivir.


El avaro sin corazón

sí con dinero,

la persona de ideales

que se vende sin remedio,

la persona que no cedió

y en ruina permanece,

porque la sociedad se hace

en metálico,

¿tan caro parece?


Cuando lugares del mundo lloran

y lo material es lo primero,

el espíritu del hombre

yace sediento.




Jelenmista

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