Vivimos
en un mundo
de
corazones como
moneda
de cambio,
el
hombre se trafica
como
un vulgar saco
de
mayor o menor valor
según
la bolsa o la balanza
de
algún sitio como New York.
Ya
los egipcios usaban balanza
para
medir el corazón,
desde
antaño una balanza ha sido su prisión.
Se
nace para vivir,
no
para vivir muriendo
por
el trabajo cansado,
a
veces infrahumano.
No se
nace para ser mártir,
se
nace para vivir.
El
avaro sin corazón
sí
con dinero,
la
persona de ideales
que
se vende sin remedio,
la
persona que no cedió
y en
ruina permanece,
porque
la sociedad se hace
en
metálico,
¿tan
caro parece?
Cuando
lugares del mundo lloran
y lo
material es lo primero,
el
espíritu del hombre
yace
sediento.
Jelenmista

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