Allá
se deslizan los hilos
finos,
delicados,
que
tejen las historias mortales,
sueños,
ambiciones,
de
nuestro frágil tiempo.
Como
simples muñecos de trapo,
circulamos
en las manos
del
destino y la desdicha,
en
la desgracia y la gracia
del
humano y del ente.
Unos
tal vez consigan recordar
su
corazón como el hombre
de
hojalata, otros seguirán
la
estela ensayada del mundo,
mundo
ensayado por la estela
incierta...
¡Qué
más dará!...
Ser
de corazón,
que
de lata,
ya
las Parcas se ríen,
con
sus tenebrosas muecas,
de
los que viven.
La
vida es una actuación exigente,
en
las que las Parcas,
implacables
se llevan las almas,
juezas
de las marionetas,
temidas
por ricos,
por
el mismísimo Olimpo.
Nuestros
pobres hilos
quedan
indefensos ante ellas,
capitanean
el sino,
y
no,
no
hay etapas salvables para ellas,
Cloto
nos ve nacer,
Láquesis
nos ve crecer,
Átropos
nos ve morir,
siempre
la Parca vendrá a por ti,
por
mí.
El
hilo cortan con el gusto
de
la modista,
indiferentes
de los sueños,
de
las ganas de vivir,
de
los actos hechos,
de
los corazones deshilados,
indiferentes
pasan del corte a la enfermedad,
del
túnel a la fría luz,
de
la luz a la noche.
Sin
embargo, aunque la actuación termine,
aunque
el público pitorree,
aunque
el olvido sea muerte,
la
muerte sea olvido,
está
el tejido de nuestra memoria,
historia
inmortal de nuestro tiempo.
Jelenmista
Jelenmista

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