miércoles, 31 de julio de 2019
Algofobia
Sin decir corazón
sé que se trata de él.
Vendrá el futuro y tendrá tus ojos
mancillando a Cesare Pavese,
reflexionar sobre tener todo por delante
y sentirse tan atrás,
una extranjera en tierra de nadie
y que sólo se identifica con la oscuridad
a la que es habitual conocida.
Negando los obstáculos,
cojo al peligro por las espuelas
y temo no reconducir el porvenir.
La soledad no me desagrada
pero temo permanecer en esa grada
sentada en la eternidad.
En una tarde noche escuché a Debussy
con la espalda tersa y el estómago ansioso,
ya no sé si está clara la luna
o mi decadencia taciturna.
Por cada sentido hay una despedida
y cada despedida cobra un sentido diferente
lo normal es que sean tristes, inesperadas
como el arrebato de un loco soñando que es cuerdo.
¿Por qué no apurar el tiempo?
El tiempo se agobia de nuestras medidas terrenales,
minutos, segundos,
que nos separan del propio tiempo.
Abrazos, gestos, llamadas, mensajes o labios son
kilómetros cero, no faltará ángulo muerto
por el que escapar de lo volátil de la despedida.
Traslado a un féretro con billetes de vuelta
y flores que huelen a ceniza,
se agolpan dentro palabras,
queremos decirlas todas pero no caben en la respiración,
tememos decirlas todas porque no vuelvan,
callar como fianza para regresar.
Miedo a lo que se dice bajo
y late alto,
extirpar la metástasis que nos gangrena,
tomar nuestras últimas consecuencias
como si fueran cuerdas que nos aten a la vida.
Jelenmista
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