La
crisálida que nos rodea
se
luce en el ego de un pavo real
que
nubla las mentes
en
la más densa bruma de mar.
¿No
es cansado temer la luz de los comunes?
Permanecer
en la sombra de los fuertes
pensando
que a tus pasos el desastre te consume.
No
seamos aquella rosa sin espinas
guardadas
para sí,
y
lo único que quedaba de sus heridas
eran
sus pétalos de ardiente escarlata.
Pensamiento
palpitante,
el
cielo se mueve como esas sábanas mal trechas
tras
una pesadilla,
salir
de esa cueva no correspondida,
por
fin ver el cielo que tanto pinté
en
la angustia de sus humedades,
en
la fuerza de crecer.

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