El
fin, mariposa perdida,
te
posas tibia en mis yemas
preguntándome
si algún día
hallarán senda.
Melancolía
del alhelí
ulula
el viento,
viajando
estas alas
a
aquella isla ignorada,
si
tuviera frutos
en
su montaña,
agraciada
con ángeles de piedra,
selvas
de esmeraldas,
negras, negras se tornan.
Allá
donde te halles,
que
tus rosas no te falten.
Ojalá el hombre aprendiera
el valor de las cosas insignificantes,
cobran significado al final,
cuando todo se destruye
gimen de lamento,
cuando las carantoñas eran todas
para su ego y codicia,
derroche de intelecto insuficiente
para prevenir que él mismo se extermina.
Ahora no lloréis,
ahí, en el fin de la mariposa.
Jelenmista

