Te
observo. Te miro. Sigues sin girar la cara. ¿Por qué? No lo
entiendo, hace un momento no parabas de sonreírme. ¿En qué instante me dotaste de esta invisibilidad? Avanzo unos pasos, mi
vista cercada por laterales de neblina negra, el enfoque de mis ojos
cambia desesperado, como la lente de esas cámaras esclavas de los
paparazzis. Los demás tampoco me prestan atención. ¿Qué os pasa?
¿Me habéis olvidado sólo con ir a la barra? Enfurecida, no sólo
mis amigos, todo el local ignora mi presencia. Extrañamente nadie
está alegre, ni siquiera los ebrios, cuyos glóbulos rojos circulan
haciendo eses. Todos a un punto fijo atienden, serios, otros
lloriquean, amargos en aquel espacio circular que han formado. ¿Qué
es el centro de esa circunferencia, tan imponente para no detectarme?
Golpeo, pero los objetos y sujetos se han vuelto ágiles. Estoy
harta, voy a ese lugar. Abrirme paso entre la muchedumbre es despejar
cortinas, la gente era ligera y de palpable transparencia. Llego,
bajo mi mirada. A aquella figura familiar desparramada por el suelo
no le rodeaba sangre, sólo ron. Ese rostro liviano ahora, ojos
petrificados rendidos a Medusa, esa vida sabor alcohol vomitada por
la boca... diablos, era yo.
Jelenmista
Jelenmista
