lunes, 27 de marzo de 2017

Felicidad para valientes

Lo más sencillo es dejarse morir a lo Max Estrella,

rodar por el mármol frío

sin intentar siquiera encender

una triste vela en tus manos.


A todos nos gusta las carreteras rectas,

hasta que curvas nos apresan

algún peaje que nos dé coraje,

¿pero de qué sirve el Everest sin cima?


Los que empiezan en llano

terminan en cuesta,

los que viven la cuesta, al llano hacen burla,

pues

la tristeza es un voraz dragón

en nuestro castillo de naipes,

la felicidad, una hormiga fácil de ahogar

con una lágrima.


La felicidad es la inmortalidad de los valientes,

la energía que tiende a salir a empujones del cuerpo

y si no fuera por la fibra muscular pareceríamos soles;

a ese instante de saber que el coche funerario está delante

y seguir sonriendo pese a lo que depara.


La tristeza es la niña mal criada del alma,

necesitada de un tirón de orejas,

aunque es igual de necesaria,

sin ella no hubiéramos conocido la felicidad.



Jelenmista