domingo, 4 de septiembre de 2016

Embrujo

Las horas eran segundos
el piano tenía directora
y esa era la melodía
melodía que
manos ávidas dirigían
acariciando cada tecla
cada inocente tímpano
que se atrevía a oír.

La música era hipnosis
sin péndulo, sólo música
ignoraba todo lo exterior
ahora mis pupilas,
eran cada tecla
de aquel piano
mis pensamientos,
esas notas
cambiantes como ellos.

Escapé de mi cuerpo
palabra que se cruzara
no se entendía
todo, todos permanecían
en un lugar lejano
los brincos de la infancia
inocentes y seguros,
para luego cruzarnos
una escena
más oscura
ahora estaba en un funeral
dándole el pésame a Chopin.

Al compás frío
esperaban el final
del embrujo de esas manos,
teclas, piano,
mis oídos presos,
niños de Hamelín.


Jelenmista



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