Sangre y hueso
savia y tronco.
La piedra quiebra el paso,
las nubes cortan la tierra
como un incendio de agua.
Los árboles te rodean y
recriminan los crímenes
que tus semejantes
han hecho a sus hermanos,
a la cría que huye de la civilización
con el brinco de la vida en sus escasos pies.
Comienzas el sendero con
torceduras, magulladuras
y después tierra bajo tus uñas.
Reinan sobre tu cabeza las copas
que no ostentan ni oro, ni plata,
galardonan al bosque con su verdor.
En la entraña de esta tierra
están las imágenes indescifrables
del rupestre contemporáneo
y los ecos extraviados de la ciudad.
Pocas son las muestras que
restan del animal pródigo que
olvidó sus raíces hace años
―Se ha dispuesto a terminar de eliminarlas―.