lunes, 17 de septiembre de 2018

Discusión



Tus manos teclean la madera

como aquellas computadoras eternas,

intentando yo descifrar el morse de tus yemas,

al otro lado de esta mesa que,

sin ser presidencial parecía

una frontera de alambres y barreras.



Dos tablones de madera estaban

entre nuestra conformidad y disputa,

horizontales,

tú te mostrabas al fondo

con la furia de un sol de mediodía,

y el ocaso de un sol cansado de estar en el cielo.



Los rencores rajan la garganta,

como esos licores que dicen relajar las penas,

cuando quizá hacer la paz deba ser la única destilada.



Nos empeñamos en echar de menos,

pero se nos olvida echarnos de más.



Mientras en una ciudad aún dormida,

las montañas se esconden en las nubes de madrugada,

junto a los nombres que callan, y el eco despierta.



No te conviertas en la serpiente

que cierra el paraíso confiado.




Jelenmista