Castillo del Neuschwanstein, "Nuevo Cisne de Piedra"
Se
erige confundible con las nubes el Nuevo Cisne de Piedra, blanco como
las almas puras de Wagner, en forma de fantasía medieval se
presenta, como un caballero de nácar entre los Alpes.
Tenía
dueño, pero éste quería ser igual de puro, igual de caballero, un
rey santo adorado por todos atrapado en un sueño anacrónico, como
muestra su castillo, aferrado a la frondosidad de sus bosques se
ocultaba de su realidad, encerrado en él, en castillo y alma.
Ludwig,
no tuviste cariño de padres pero atención de sirvientes, viviste
rodeado de lujos y tuviste la oportunidad de edificar tus sueños a
diferencia de los más realistas.
No
servías para rey, quizás para el mundo de Parsifal y el Grial, o
sólo poder haber amado con libertad te hubiera desatado de tu
corona, clavada en tu frente. Naciste agraciado pero la desgracia te deshizo, te consumiste en tu decepción y mal hábito, en el opio de tu corte, que entre ilusiones y guerras, te incapacitaron por tu mal hacer.
Otto,
tu único hermano, convertido en perro por la locura, la misma que
acabaría contigo y te apodaría “rey loco”.
Ay
Ludwig, tu mundo se ahogó en ese lago, el mismo de las leyendas germánicas que tanto apreciabas,
con tus ansias de cisne, pero ya estabas entregado a él desde el
principio, sin corona, sin hermano, sin amor, siempre estuviste en
ese lago condenado, y el canto del cisne...esa
fue tu cuna.
