viernes, 13 de julio de 2018

Nuevo Cisne de Piedra, Neuschwanstein

Dedicado a Ludwig II, "el rey de cuento de hadas"




Castillo del Neuschwanstein, "Nuevo Cisne de Piedra"


Se erige confundible con las nubes el Nuevo Cisne de Piedra, blanco como las almas puras de Wagner, en forma de fantasía medieval se presenta, como un caballero de nácar entre los Alpes.


Tenía dueño, pero éste quería ser igual de puro, igual de caballero, un rey santo adorado por todos atrapado en un sueño anacrónico, como muestra su castillo, aferrado a la frondosidad de sus bosques se ocultaba de su realidad, encerrado en él, en castillo y alma.


Ludwig, no tuviste cariño de padres pero atención de sirvientes, viviste rodeado de lujos y tuviste la oportunidad de edificar tus sueños a diferencia de los más realistas. 


No servías para rey, quizás para el mundo de Parsifal y el Grial, o sólo poder haber amado con libertad te hubiera desatado de tu corona, clavada en tu frente. Naciste agraciado pero la desgracia te deshizo, te consumiste en tu decepción y mal hábito, en el opio de tu corte, que entre ilusiones y guerras, te incapacitaron por tu mal hacer.


Otto, tu único hermano, convertido en perro por la locura, la misma que acabaría contigo y te apodaría “rey loco”.


Ay Ludwig, tu mundo se ahogó en ese lago, el mismo de las leyendas germánicas que tanto apreciabas, con tus ansias de cisne, pero ya estabas entregado a él desde el principio, sin corona, sin hermano, sin amor, siempre estuviste en ese lago condenado, y el canto del cisne...esa fue tu cuna.