Los ángeles me preguntan porque estoy así,
en este infierno interno.
¡Seguid mi mirada
en este arroyo infeliz!
Estoy maldita de ti
Cuando los ojos no saben engañar
sueño con no coincidir,
pero cuando sucede
vuelvo a todo.
En esta atadura no quiero enojos,
tan sólo un faro que merezca mi barco.
Como los guardianes responsables
tengo la mirada recta
y la mano en el pecho,
y tú,
Cupido, táchame ya,
porque no pretendas deshacer
este castigo,
esta maldición.
Estoy maldita de ti

