martes, 31 de octubre de 2017

Otro día de difuntos

Camino despacio. No soy como el resto de la escarcha, porque hay algo que a mi marcha, atrás, arrastra. La verja del cementerio, metrónomo improvisado, marca las pulsaciones para la medianoche. Me arrastro... no camino ya. Mi corazón me atiza para que corra, pero las zarzas merman mi voluntad. Las tumbas hundidas en el hielo emiten quejosas entre sus vanos una canción marinera de auxilio, barcos hundidos desde sus cruces, sus mástiles. Todo en orden esquelético, una zanja en la blancura no tenía dueño...

Cáscabeles de antaño, sonrisas y besos aciagos cada vez más cercanos a una mente deteriorada.

Está detrás de mí. El corazón no responde. Hacía tiempo que no respondía... Es el momento de volver a casa.

Me desencajo el cráneo, pliego mis fémures y tibias, espero a que den las doce para que la noche más oscura... de nuevo me arrope. Otro día de difuntos sin una nana que me acune, sin un beso que palpe mi fiebre, un abrazo que me acerque a la vida y olvide la muerte...


Esta eternidad no se la deseo a nadie.



Jelenmista